Nuestro niño o niña interior necesitan nuestra ayuda para sanar. No prestar atención a algunas experiencias vividas en nuestra infancia, hace que nuestro niño interior no avance y se sienta solo y abandonado. ¿Cómo puede afectar esto en una edad adulta?
Cuando nos enfrentemos a una situación similar como la vivida en nuestra infancia y que aún no hemos resuelto, será ese niño o niña, que no ha sido escuchado y atendido correctamente, el que asuma la responsabilidad y no nosotros.
Una parte de nosotros no ha avanzado, no ha crecido, nuestro cuerpo sí lo ha hecho, pero no ese niño o niña a la edad en la que sucedió lo que nos ha condicionado. Obviamente todo esto puede afectar a diferentes áreas de nuestra vida, pues ese niño interior intentará ponerse en contacto con nosotros, mostrarnos su dolor, pues necesita ser rescatado, liberado, sanado y convertirse en adulto para ser un ser pleno.
Por eso muchas veces hay situaciones en la vida que nos desbordan pues no somos nosotros como adultos quien está resolviendo la situación, es ese niño y no sabe hacerlo solo. Necesita nuestra ayuda, que asumamos esa responsabilidad, que le digamos que todo está bien y que ahora nosotros nos ocuparemos de todo y que ya no está solo.
Recuerda que cuando nuestro niño interior está enfermo, necesita ayuda, debemos de ser nosotros los adultos quienes acudamos a su rescate y liberarle de los barrotes que le impiden vivir una vida más feliz.
No podemos permitir que él o ella sigan atrapados en sentimientos de culpa, baja autoestima, problemas de merecimiento al sentirse invisible, solo, abandonado y débil. Un niño sanado y liberado puede ayudarte a cambiar tu vida, pues ese niño eres tú.